El bebe —sin tilde— cumplió año y medio

"The reality you are invited to make friends with is that the world is full of people who are different from you" - Erika Hall, “Just Enough Research”

“El bebe,” “la bebe” escucho decir a mis amigas del colegio cuando se refieren a sus hijos o hijas. ¿Qué? ¿Acaso no tiene nombre? Pienso yo ¿Por qué le dicen así? ¿Por qué sintetizar toda su existencia en una palabra comodín y, para colmo, quitándole la tilde? No dicen “el bebé”, dicen “el bebe”. Me desespera.

Hace un año y medio, decidí dejar mi super buen pagado trabajo en una start-up multicultural, bilingüe, rápida y orientada a resultados para gestar una empresa mientras mis amigas del colegio se casaban y gestaban bebes. Sin tilde. En ese momento, creía que estábamos tomando decisiones completamente opuestas: yo por el lado laboral, como siempre, y ellas, por el lado de la familia, la maternidad y la feminidad. Pensando que hacer empresa no tenía nada de feminino y, asumiendo que la batalla de encajar en mi grupo de amigas del colegio la perdí desde que decidí estudiar en el extranjero, proseguí a ejecutar mis planes con la misma combinación de miedo y convicción con la que ejecuto casi todo.

Esta vez, sin embargo, se sentía diferente, habían nuevas entidades involucradas –entidades que pasan a formar parte del ecosistema de manera permanente. Ellas: familia. Yo: RUC, página web, unos socios de primera. ¿Qué podríamos tener en común? 

En el pasado comparé, burdamente, el ejercicio de escribir y publicar un libro –otra de las aventuras que ejecuto con miedo y convicción– con el ejercicio de la maternidad. Hoy en día, viéndolo ya con perspectiva, creo que no era la comparación adecuada. Principalmente por el carácter finito que tienen los libros, pienso que no se les puede equiparar con el de un bebe. ¿O capaz sí, por la gestación? Pero nunca jamás por la crianza. Lo gestas sí, pero no lo crías. No requiere mantenimiento. Porque una vez que un libro se imprime, ya no hay nada que puedas moldear de él. No cambia. Tienes que vivir con las tildes mal puestas, el concepto mal descrito, la sensación de que de repente El Contratado pudo ser más largo o La Practicante todavía más graciosa –que a ambos les faltó la escena de beso apasionados que me pide todo el mundo. Pero, como se trata de placas de metal a presión y las imprentas piden seis aprobaciones antes de dar el “GO” final, se quedan así para siempre una vez que apruebas su existencia. Imagínate si pidieran seis aprobaciones antes de traer hijos al mundo. El bebe viene como es y uno tiene que quererlo así, ¿no? 

A un año y medio de haber visto a HABLA comenzar desde las paredes de mi departamento en Barranco, siento que mientras más esfuerzo le metes a algo, más lo quieres.

Y que ese es el principal ingrediente que hace que estas entidades –los bebes y las empresas propias– se impregnen para siempre en nuestras vidas. El cariño en equipo, materializado en esfuerzo pero también en el reflejo vivo de nuestra identidad combinada, valores y ganas de dejar huella vuelve a las empresas propias y a las familias: infinitas. Todopoderosas. Pueden crecer para todos los costados y apreciarse o, pueden depreciarse, quebrar y separarse para siempre de nosotros cuando nos hagamos viejos. En el mejor de los casos, tienen un carácter regenerativo y, de conservarse bien, eventualmente los hijos pasan a encargarse de los padres y el resultado entonces pasa de generación en generación, no solo en herencia sino en vida. De hecho, si es antes, mejor. 

A ambas las siento maleables y flexibles a nuestra imagen y semejanza. Y es que el riesgo, el reto, el ocasional estrés o las madrugadas solo hacen de ese amor una fuerza todavía más difícil de catalogar. Me siento recontra cursi diciendo esto, queriendo culpar a bell hooks y su libro “All About Love” por haberme contagiado este mal. Pero la verdad, no creo que sea culpa de ella. Ha sido todo, enteramente, culpa mía. Yo fui la que me metí a este rollo. Yo fui la que acepté la propuesta de Santiago y Patricio un día de semana de verano. Y yo soy ahora la que la disfruta. 

No espero tener la suerte de criar bebes con la robusta experiencia y el nivel de control que tuvimos con HABLA. Desearlo sería germinar una decepción. Pero lo que sí quiero, y por eso entiendo las malas noches, los esfuerzos financieros, el cambio de estilo de vida por completo, es disfrutarlo a más no poder, así como disfruto de hacer crecer a HABLA.

Esperando estar cansada tras un año y medio de sacrificar un buen sueldo y que alguien más me diga que hacer, me encuentro en un estado completamente opuesto: estoy energizada, empilada, ansiosa por seguir con todos los planes que tenemos encima y por ver cómo la criatura camina, monta bicicleta, se ríe de nosotros con la lengua afuera e imita nuestros aciertos y nuestras más robustas equivocaciones. La empresa propia, tras algo de tiempo, también empieza a tener vida propia.

Encuentro errores en mi proceder empresarial que también cometía cuando trabajaba para otras personas –maneras de despriorizar mi tiempo que me siguen atrapando. Pero también, encuentro en mis socios un apoyo que no tengo que negociar porque el compromiso está ahí sin que lo tenga que pedir. Recuerdo decirle a mi mamá, temprano en el proceso, que a falta de certidumbre, teníamos compromiso. Como cualquier negocio de este milenio, puedes hacer todas las validaciones del mundo pero sin el compromiso correcto, consistente y tangible, cualquier idea va a fracasar. 

Pienso entonces en lo difícil que debe haber sido para mis papás, decidir quebrantar ese compromiso, siendo los dos personas empresariales, que conocen la continuidad de las cosas, que creen en las estrategias a largo plazo y que llenaron muchos de los estantes de nuestra casa de libros sobre Highly Effective Teenagers y demás manuales sobre cómo criar hijos. Creo entonces que si bien su matrimonio fracasó, nosotros fuimos su mejor proyecto. Y que así como no todas las empresas ganan plata al día siguiente o no todos los directorios están capacitados para tomar decisiones y no todas las cuentas de redes sociales te dicen la verdad, no todas las familias que funcionan tienen que ser de manual. No todos los equipos tienen que estar juntos para siempre. 

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